Carta a Ramón.-
Sabes que no me gusta mucho leer, lo mió es hacer ganchillo, tricotar y ver la tele.
Pero el otro día encontré en un rincón de nuestra antigua cómoda una carta…. ¡me extraño! Era nueva aun olía la tinta con la que le escribiste.
Cuando eras joven te gustaba escribir y lo hacías siempre en papel blanco con una pluma que te regalo tu padre de tinta de aquellas que había que ir untando en el tintero. ecías que mientras calculabas si la tinta era la adecuada se te ocurrían mil cosas.
Ahora hace tiempo que no lo haces ¡por eso me extraño!
Cual no seria mi sorpresa al comprobar que hablas de mí a mis antiguas compañeras de profesión.
Estoy emocionada ya que pensaba que no eras tan observador.
¡Nunca conoce una suficiente a su compañero de camino de años y años!
¿Quién te ha dicho mi secreto? ¡Si! Efectivamente me gusta conocer jóvenes que planchas con esmero aquellas prendas que muchas detestan hacerlo pero si lucirlas.
Continuo sintiendo la enorme satisfacción que sentía cuando ante mí había una blusa de hilo blanco con tablas, encajes que parecía una prenda vieja. En cuanto empezaba mi labor poco a poco de ir planchando con aquella pesada plancha de vapor esquinas claves para ir dándole forma hasta llegar al toque final, iba creciendo en mi una gran satisfacción.
Por más que se lo explico a nuestra hija no lo entiende, para mi era como darle luz, belleza y brillo a esa prenda.
No la había confeccionado yo pero cuando la colgaba de aquella percha de madera en la que la dejaba enfriar antes de sacarla a la tienda eran “mis momentos de orgullo” ¡que suerte saber dar esa “vida” y que feliz cuando se la ponga el sr. X para ir a la opera!
Recuerdo con tus manos toscas del trabajo pero suaves por el “amor” que había en ellas aquellos masajes, eran aliviadores y me daban energía suficiente para ir no un día más a trabajar sino toda una vida aunque solo hubiera sido por esos masajes.
Soy afortunada, trabaje en algo que otros menosprecian, pero yo fui feliz, conocí a un hombre “único” que a pesar de lo duro del camino esta a mi lado y siente mis minusvalías sin importarles que mi peso no sea el de antes ni mi tez suave y tersa como la jovencita que conoció.
En mi camino ha habido algunos baches pero sin ti no se si hubiera sabido sortearlos, gracia compañero del alma.
Dejare esta al ladito de la tuya, no se cuanto tardaras en leerla pero quizás hagas como yo guardar silencio pero esa noche cuando nos acostemos y mes des ese beso de buenas noches que llevas haciendo 40 años será “especial”.
Tu planchadora
miércoles, 5 de septiembre de 2007
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